Relaciones que nunca se acaban o el miedo a la soledad…

Son historias de nunca acabar.

La banda sonora de la historia interminable, nos va muy bien, para este post. Y mientras escuchas la canción, puedes seguir leyendo, dejándote llevar.

A veces el amor se acaba, a veces hay incompatibilidad en los proyectos de vida, otras veces la historia no fluye, también puede ser que cada miembro de la pareja entienda las relaciones de manera diferente… Sea por el motivo que sea, algunas historias no funcionan.

¿Qué pasa con esas historias de amor que se resisten a acabar? ¿Por qué algunas parejas no consiguen cerrar la puerta y se quedan pendientes el uno del otro? ¿Y por qué motivo, sus protagonistas no dejan de verse, no son capaces de aceptar el final?

Aceptar el final es aceptar la soledad de nuevo, el duelo por la relación perdida, una época de menos activación y energía… Seguramente es aceptar una situación que no se ve como positiva para uno/a mismo/a. A la vez, aceptar el final, es dejar de ver esa persona con quien se han pasado tan buenos momentos… Una pérdida es difícil de aceptar, y más una tan significativa. 

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Acostumbrarse a estar con alguien a veces facilita el día a día, tener alguien al lado a quien explicarle lo que nos pasa, aquéllo que nos preocupa,… Aunque a veces no es tanto el querer estar con alguien, sino, el no querer estar solo/a.

Muchas personas adultas no han aprendido nunca a estar solas… Desde que nacieron, vivieron con sus padres y familiares, después con amigos/as y posteriormente con la pareja… Nunca han vividos solas… Y les da miedo, el miedo a lo desconocido… Pero ese miedo a la soledad, ¿tiene razón de ser?

No nos han ayudado a entender que somos autosuficientes.

Ese vacío que creemos sentir en soledad, no es más que nuestro propio sonido, el silencio interior. Aprender a estar con un@ mism@ es bueno para ser autónom@ y poder tomar las decisiones importantes en función de motivaciones reales y no de miedos.

Si no sientes miedo a la soledad, entonces es que hay apego a la pareja actual, algo que no te permite pasar página; la esperanza de que cambie, el no querer cometer un error, el hecho de querer a la persona, las ganas de que funcione la relación,…

¿Has escuchado alguna vez el sonido de tu propio corazón? Ése no asusta, al revés, tranquiliza. Eres tú. Nunca funcionará el: “mejor mal acompañada/o que sola/o.” Sabemos que es lo contrario.

Sin embargo, a veces no es que estemos mal acompañad@s, simplemente es que quedarnos con esa persona no nos dejará encontrar lo que realmente queremos encontrar. Todo depende de nuestro grado de conformidad.

 


Foto de Pexels.

Published by

giselaoliva

Psicología, coaching, consultoría, formación

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