La alegría, ¿para qué sirve?

Con este post, cierro el ciclo iniciado a raíz de la película Inside Out.

La alegría es una emoción muy divertida que nos permite compartir y nos pide estar en compañía, ya que estando sol@s parece que nos falte algo. Su utilidad es la celebración de ganancias, cuando conseguimos algo que hemos perseguido, algo que deseábamos mucho, la alegría llega para poder expresar lo que sentimos… Es una activación que genera energía y nos lleva al movimiento, a gritar, a reír y a expandir hacia fuera. Estando en grupo o en compañía se multiplica, generando una ola de emoción y risas enorme.

Es considerada la mejor emoción por nuestra sociedad, la ansiamos, la queremos, la buscamos…

Pero como todas las emociones, tiene una utilidad. Ya os hablé hace semanas de TRISTEZA, MIEDO y RABIA. Y como las tres anteriores, la alegría también debe estar presente sólo cuando hace falta.

La verdad es que la alegría es una activación muy agradable, y como os decía, es muy buena para compartir y estar con gente. Sin embargo, se convierte en negativa si la forzamos, si la usamos para tapar lo que realmente sentimos. En la película Inside Out, de la que ya os he hablado, la alegría intenta estar presente siempre, no dando lugar a las demás emociones, menospreciándolas. Y eso le trae problemas a la niña protagonista.

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No podemos estar siempre alegres, como no podemos tener siempre miedo, o vivir en la rabia o estar constantemente tristes. Eso sólo pasa cuando no gestionamos bien las emociones.

En el caso de la alegría, quizá no estéis de acuerdo. No vemos nada malo en estar siempre alegres y por desgracia eso es irreal. En el día a día vivimos situaciones y nos relacionamos con personas, lo que nos lleva a sentir y pasar por diferentes emociones. Y como ya hemos dicho, si no escuchamos la emoción que está presente, y la tapamos, siempre volverá con más fuerza.

A menudo, confundimos alegría con felicidad. La felicidad como estado permanente no existe, sólo existe el aprender a vivir sin adelantar acontecimientos, aceptando lo que hay y disfrutando del camino.

Forzar la alegría hasta la euforia puede ser agotador, porque cuando se vaya esa energía tan intensa, nos quedará un vacío enorme, y nos será mucho más difícil aceptar cualquier otra emoción…

Así que escoge bien tus momentos de compartir alegría, pero no los fuerces. Si consigues estar en la emoción que toca en cada momento, conseguirás una paz interior y una calma que te permitirá estar en equilibrio siempre.

Y al final, lo que queremos es poder ser coherentes, hacer las cosas según lo que sentimos y según quien somos. Tenemos en cuenta la razón, pero no puede ser la única guía ya que lo que sentimos no se puede racionalizar, hay que escucharlo y tenerlo en cuenta.

 

Published by

giselaoliva

Psicología, coaching, consultoría, formación

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